Gracias por sus latidos de afecto y cariño que alimentan al Alma.

sábado, 22 de agosto de 2009

Aun estoy de pie ( 5 y final )

Y llegó un tiempo, muy malo, con avisos de ciclón.
Corría el año de 1933, y venia un ciclón.
Mis padres, hermanos, y mi esposo, sacaron lo de más importancia, de nuestras casas; lo llevaron a casa de unas amistades.
Yo me quede, con una sobrina, a terminar de checar, que no hubiéramos pasado por alto, algo que después, no pudiéramos reemplazar. Ya las casas, habían sido amarradas, con gruesos mecates sus techos, y sus ventanas, clausuradas, con tiras gruesas de madera.
Teníamos, la certeza, que vendrían nuestros esposos, a recogernos.
Los que llegaron fueron los soldados.
Traían órdenes estrictas.
Nos dijeron….. Si están esperando, que vengan por ustedes, sus familiares, no podrán hacerlo.
Porque, ya esta prohibida la entrada a estos terrenos.
No venimos a pedirles, que se salgan, por favor. Venimos a exigírselos.
Solo nos permitieron, sacar un tenatito, con ropa, la más indispensable. Y nos recomendaron, llevarnos una cazuelita, que contenía arroz, ya guisado, y una garrafita, con agua de tomar.
Ellos sabían que vendrían, tiempos muy difíciles, con desabasto de alimentos y agua.
Nos llevaron a un inmenso galeron, donde ya había más familias.
Durante el ciclón, los balnearios sufrieron destrozos tan grandes, que nunca pudieron recuperarse.
Se terminaron sus días de gloria.
De nuestras casas, que estaban ubicadas, cerca de la playa, ni los cimientos quedaron.
Estábamos tan estupefactos, de mirar solo arena, donde antes, eran nuestros hogares, que no podíamos ni llorar.
Fue, nuestra madre, la que, con entereza, nos señalo, las pautas a seguir.
Se reunieron los ahorros, de toda la familia; y se compro un gran solar, en el centro de ciudad Madero, donde todos edificamos, nuestros nuevos hogares.
Ahora, que han pasado muchos años, me alegra que mis hijos, nietos y bisnietos, hayan podido estudiar, trabajar y seguir adelante.
Y soy tan feliz, al constatar, que Dios, siempre nos proveerá, de casa, vestido y sustento.
Por eso, cuando escucho a alguien “quejarse de la situación”, le digo, si Dios, te ha protegido hasta el día de hoy, ¿Por qué, no confías, en que continuara haciéndolo?
Y remato con un, tengo 95 años, y ni un solo día de mi vida, he sentido, que me falte el apoyo divino.

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