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sábado, 15 de agosto de 2009

Aun estoy de pie ( 3 )

Ya sin el pendiente, de mi hermano, decidieron mis padres, establecerse, en unos terrenos, cerca de la playa de Miramar.
Como no estábamos acostumbrados a la brisa salobre, ni a los rayos directos del sol, nos salieron unas grandes quemaduras, que se nos aparecían en forma de ampulas primero, para posteriormente reventarse, en un despellejamiento, que hacia, que nos doliera y ardiera al mismo tiempo, la piel de cara, espalda y brazos.
Eso lo combatíamos, aplicándonos el polvo de haba, que se expendía en la botica.
Hasta que nos aclimatamos.
En esas fechas, solo existían 3 balnearios, el de Villas del Mar, el Sardinero y el Palermo.
Posteriormente, se edifico el balneario “el Casino Miramar”.
Su propietario, estaba en sociedad con una cooperativa. Era güero, alto, grande y chapeado.
También era dueño, del restaurante Madrid, que se ubicaba donde después fue Woolworth. Y de otros negocios, como el Yaqui, y el club Bristol.
No tenia trato directo con los empleados, porque comentada; yo no mando aquí, en tal o cual negocio, para eso esta el gerente.
Además de que era muy sencillo, porque reconocía que la mayoría de sus ganancias, en los negocios, se hiban en pagar los sueldos de sus trabajadores, desde gerentes, contadores, cajeros, y así, hasta abarcar todo el escalafón. Mas los impuestos, que por ley, se pagan. Y el reabastecer, de todo lo necesario cada negocio; dejaba solo un polvito, un poquito de plata, que era lo que le tocaba a el.
En el balneario “Casino Miramar”, los domingos había tertulias, de las 4 de la tarde a las 12 de la noche. Tenia la construcción, de madera, forma rectangular.
En la parte inferior, se ubicaba el salón de bailes, la cocina, la cantina, y el área de rentas de trajes de baño. En la parte superior, se ubicaban 2 departamentos al frente, mirando al mar, 2 a cada lado, y 2 al fondo; en total eran 8 departamentos.
Todo estaba tapizado, con gruesas y mullidas alfombras. Menos, la pista de baile.
Todo en el casino era lujoso y caro.
Los refrescos, de soda negra, que costaban por lo regular, 15 centavos, en las tienditas, del centro de Madero; en el casino se cotizaban en 5 pesos.
El lugar era muy confortable. Contaba con luz eléctrica. El agua se extraía de un pozo, que se almacenaba, en un tanque, que se localizaba, a unos 18 metros del balneario. El tanque era del tamaño, de una caseta, y del cual, llegaba al casino, el agua, por medio de tuberías, que enterradas, varios metros, bajo la arena, imposibilitaban, que fueran motivo de rompimiento, de la captación de belleza del lugar.
El balneario, era tan reconocido, a nivel nacional, que se hospedaron en el, grandes personalidades, de los ámbitos artístico, económico y político.
Como Portes Gil, que se hospedo por todo un mes.
Y Calles por unos días.
Remataba el balneario, con un muelle, que descansaba, en unos gruesos pilotes, de vía de ferrocarril, recubiertos de concreto.
El muelle, media unos 200 metros de largo, y daba hasta el mar.
Al final, contaba con una caseta, donde se vendían refrescos.

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