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viernes, 12 de marzo de 2010

Vidas entrelazadas ( 7) ( la niñez de una maderense a principios del siglo pasado)



Nací en el año de 1925, en Doña Cecilia, hoy Ciudad Madero.
Mi familia estaba compuesta, por mis padres, y nosotros, seis hijos.
Vivíamos en la colonia Vicente, cuando las calles eran de pura arena blanca, y había mucha hierba en los solares, de la llamada saladilla.
Ya había agua potable, pero para tomar agua, preferíamos comprar la que traían en latas, los carretoneros, que era agua de vapor, de Refinería o de Talleres.
La leche, se vendía en cantaros grandes, que eran transportados en caballos.
En nuestra casa, al frente, colgaba un letrero, que decía, “Música de Jazz” y mi papá, era el que hacia los contratos, por ser el dueño del conjunto.
Practicaban en un gran cuarto, las melodías, y se impregnaba el ambiente, con los sonidos de la tambora, banjo, violín, cornetín, contrabajo…
Pero éramos una familia numerosa, como para poder sobrevivir con solo las entradas del talento artístico de mi papá.
Así, que mi mamá, empezó a trabajar.
Papá pasaba muchas horas del día, sin la compañía de mi mamá.


Y no faltó, quien se acomidiera a hacerle más placenteros sus ratos libres.
Al saberlo mi madre, solo basto que le dijera a mi papá, “me han contado, lo que haces mientras estoy trabajando” para que recibiera tal tranquiza, que estuvo en cama, con accesos frecuentes de tos, que la ahogaban, y vómitos de sangre.
Solo abandono el lecho, para ser velada, en casa de mi abuelita Evarista.
Mis tías Raymunda y Magdalena, primas-hermanas de mi abuelita, que vivían en Tampico, vinieron al velorio, y a mi papá, lo maltrataron bien y bonito, que hasta de guantadas le dieron.
Pero eso no quito, el que habíamos quedado huérfanos de madre, seis criaturas, la mayor de 11 años.
La más pequeña, solo tenia 10 meses de nacida, se llamaba Mariquita, de ojos azules, pelo rizado, del color de los pelos de elote.
Nos quedamos a vivir con unos tíos, los cuales eran muy estrictos y secos. Eran así, porque mi abuelita, los crió parcos de cariño.
Si nosotros sus nietos, queríamos ser cariñosos con ella, nos apartaba con brusquedad, y replicaba:
¡Aplácate, aplácate!, ¿No ves que esos son besos del diablo? Si está escrito, como Judas, traiciono a Nuestro Señor con un beso.

Así, que ya se imaginaran como eran mis tíos.
Mi hermanita Mariquita, solo duró un poco más del mes, después de que murió mi mamá.
Aún no tenía el año de edad.
Decían mis tíos, que mi mamá se la había llevado.

Portada del libro "Más allá"

Portada del libro "Más allá"
Camino de Amor Infinito
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