Gracias por sus latidos de afecto y cariño que alimentan al Alma.

jueves, 17 de septiembre de 2009

MAESTRO ( 2 da. y final )

Pase al salón, por favor.
Ya dentro de sus dominios, la pregunta caía como balde de agua fría.
¿Se le ofrece algo, o es que usted va a enseñarles algo a mis alumnos?
Porque estando ahí afuera, usted me los distrae.
El padre de familia, salía tartamudeando mil disculpas, y sólo volvía a pisar la escuela, si el profesor, lo mandaba llamar.
Después el maestro, empezó a enseñarnos filosofías ocultas.
Pero sólo a un selecto y reducido numero de sus alumnos.
Dejaba salir más temprano, a los pusilánimes y asustadizos.
A los que nos escogió, fue, porque vio en nosotros, materia dispuesta para ese tipo de aprendizaje, por más extraño que éste fuera.
En una ocasión, nos explicó, que era posible saber, si tu fin estaba cerca.
El día último, del mes de diciembre, se debe poner una cubeta, o de preferencia, un baño con agua; y a las doce de la noche, en el patio de tu casa, con la luz de la luna, mirar tu reflejo en esa agua.
Si vez tu rostro, como el de una calavera, de seguro morirás, en el transcurso de ese año, que apenas empieza.
Otra enseñanza fue, que si te miras, a un espejo fijamente, iluminado sólo por una vela tu rostro, a la medianoche, de cualquier fecha del año, seguro verás…
Y ahí si, que ya no me acuerdo, que entidad mencionó. Después de todo, una mocosa de primaria, no capta todo lo que enseña el maestro, y hay que recordar, que me pasaba horas y horas, sentada en el mismo lugar.
Al llegar a casa, mi padre me hacia, que le repitiera, lo más importante de lo visto en clase.
Que le contara, todas las anécdotas, y que hiciera la tarea.
Debía aprenderme las lecciones de memoria.
Y eso incluía puntos y comas.
Agarraba un lente de aumento, lo sostenía entre sus dedos, cerraba con fuerza un ojo, y poniendo toda su agudeza visual en un solo ojo, recorría, ayudado por el lente, el libro o cuaderno, que acercaba tanto a su rostro, que si hubiera tenido vida, el útil escolar, seguro cambiarían sus paginas de color, al sentirse tan observado.
Mi padre me preguntaba la lección, y debía de repetirla, palabra por palabra. Si olvidaba una, o la cambiaba por alguna parecida, tenia que volver a decir, desde el principio, la tarea.
Con las matemáticas, era hacer las operaciones, una y otra vez, con limpieza, números grandes, bien alineados, y explicarle, porque me salio tal o cual resultado. Cuidadito y me equivocaba.
No me pegaba, pero eran peor sus regaños.
“El día que yo me muera, no sé que será de ti; seguro te morirás de hambre”.
“Cuando te cases, lagrimas de sangre vas a llorar, porque no sabes hacer nada bien.”
“Y yo, en mi sepultura, volteare mi cuerpo, una y otra vez, de la vergüenza de haberte criado tan mal”.
Papá se enojaba, porque para su criterio, yo debía aprovechar mejor el estudio.
Y es que a él, le encantaba aprender.
Leía horas y horas, con placer, diversos temas.
Tal vez, por que el, sólo terminó, hasta el tercer grado de primaria, y quedó, con esa hambre de superarse, de ser más, a base del conocimiento.
Admiraba a las personas, que habían hecho carrera, sobre todo a los profesores.
Decía, saben, y eso que saben, lo enseñan; doble merito.
Una noche, oí ruidos extraños, como el de arrastrarse,
Como el respirar de animal acorralado.
Me levanto, prendo la luz y busco a mi papá.
Nada, nada de papá.
Que raro, si llega a salir me avisa.
Me dice: “ahorita vengo, enciérrate bien, y no le abras a nadie, duérmete sin pendiente, al fin que yo traigo llave.
Mi papá nunca se va sin decírmelo.
¿Y ese olor, de donde viene?
Escucho rasguños en la sala, que esta en penumbras.
Pues, ni que tuviéramos gato.
Algún ratón, se habrá metido, pero ya verá.
A mi no me van a regañar por un ratón.
Entro a la sala, armada con una escoba ¡y que veo!
Una presencia, que cambiando de forma a cada instante no me permite identificar si pertenece a algún tipo específico de animal.
Escucho su jadear estertoroso, cuando logro reconocer, de ese horrendo ruido lo siguiente:
Tenía razón el maestro, hijita, tenia razón.

3 comentarios:

  1. Marucha muy buen relato me ha gustado mucho el final.

    La verdad que la educación ya no es lo mismo no me gustaba la de antes pero tampoco la de ahora, creo k tan malo es la abundancia como la escasez.

    Un beso

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  2. Hola Marucha pásate por mi blog El Poder De La Magia que tienes un premio.

    Besos

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  3. Emy, muchas gracias.
    Voy que vuelo por el premio.

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