Eran cascadas de alegría, que no podíamos contener. Ni poniéndonos una mano, sobre nuestra boca.
Y esos regaños de mamá, que nos sabían a gloria. ¡Niñas, ya no se asomen tanto al agua! Hasta los encajes del chonino se les ve.
¡Vergüenza les debería de dar!
Miren, que si me enojo, ¡no las vuelvo a traer!
Mi hermana y yo, conocíamos bien, el tono de su voz.
En realidad, no estaba enojada, solo quería tranquilizarnos, calmar nuestras ansias de vivir.
Éramos tan pequeñas, que aun, era mucho, lo que teníamos que aprender.
Un verso que se ahoga en el exilio
-
Aniquilo la nostalgia
como un hábitat que olvidó su silencio,
y desgarro con los labios
un verso que no existe
pero agita de amor
los hu...
Hace 9 horas

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Gracias por visitar el blog.