Gracias por sus latidos de afecto y cariño que alimentan al Alma.

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lunes, 14 de septiembre de 2009

Yuxtaposición ( 3 ra. y final )

Se mete al baño.
Ya para entonces, casi estoy dentro de la casa.
Corro a ver que hace mi tía con los billetes en el baño.
Quiero ver donde los esconde.
Llego justo a tiempo, para oír, como le baja al depósito de agua de la taza del baño.
¡Tía, tía! ¿Qué hace?
Ya rompí, y tiré, todas esas barajitas.
Ya vez, que tus hermanos pierdan el tiempo coleccionándolas.
Si no son barajitas de jugadores, son de dibujitos, de monitos.
Esas cosas no los dejan estudiar, y ya sabes que tú papá y tú mamá, como trabajan todo el día, ni cuenta se dan.
Ayer fui a la junta de tu escuela a recoger las boletas, la tuya y la de tus hermanos.
Y vi que no andan muy bien.
Quiero que estudien más entre semana. Y éste domingo, como premio, los llevaré a la piñata de ese compañero tuyo, el que cumple ocho años.
Yo recuerdo de golpe todas esas cosas.
La abnegación de mi tía por nosotros.
Su entrega absoluta a educarnos, a mimarnos.
En esa yuxtaposición de fechas, nombres, acontecimientos; de ayer y hoy, emerge la esencia, que es el amor.
Mi tía siempre nos ha amado, nos ha querido proteger.

Y aun ahora, con la enfermedad del Alzheimer, en su mente, no están sus intereses, no están el “yo quiero”, el “yo necesito”.
Si no, el “en que puedo ayudar a mis sobrinos”.
Me invade una sensación de plenamente amada.
Y miro a mi tía, con los ojos llenos de lágrimas, por el agradecimiento y el amor,
que siento por ella. Por todos estos años compartidos.

Abrazo a mi tía, y ella, al escuchar mis sollozos, me dice:
-¿Por qué lloras hijita?
¿Qué acaso eran muy importantes para ti?
¿Eran muy valiosas esas barajitas?

Veo la preocupación en su rostro.
Teme haber cometido un error.
Es, como si de repente, sintiera que pierde piso, que quisiera aferrarse a algo, que no encuentra, ni en el pasado, ni en el presente.

Yo la miro. Hago contacto visual con sus ojos.
Ahí, donde habita mi tiíta de toda la vida.
Y le contesto calmadamente.
No tía, no era algo valioso.
En este hogar, apreciamos y le damos valor, a los que integran esta familia.
Y usted tía, usted, es la persona mas importante para nosotros.

domingo, 13 de septiembre de 2009

Yuxtaposición ( 2 da. de 3 partes )


Tía ¿no vio un dinero, en este cajón?
¿Cual cajón?
Este tía.
No, si yo no meto mano a tus cosas.
Tía, ¿no guardó usted, un fajo de billetes?
¿Cuales billetes?
Unos billetes, que dejé aquí ,en éste cajón.
¡Ay, hijita! Búscalos bien. ¿Donde los habrás dejado?.
Si eres igual a tus hermanos, nunca saben lo que hacen, ni donde dejan las cosas.
Para esto, mi tía , siempre confunde a mis hijos, con mis hermanos. Los nombra igual, que como se llaman los tíos.
Si hasta un día, muy seria, me interrogaba.
Señora, señora, ¿quien es usted?
¿Que hace usted, aquí en esta casa?
Con paciencia, la ubico, una y otra vez
¡Tía, tía! soy yo. Tu sobrina consentida. Y aquí vivimos. Y esta, es nuestra casa.
Tu casa, mi casa, aquí vivimos.
A ver, repite. ¡Estoy en mi casa!
¡Estoy con mi familia! mi tía respira, con franco alivio, y dice:
¡ay, hijita! que bueno que me dices eso. Me siento más tranquila.
Mi esposo, al ver que no logro, que mi tía recuerde donde está el dinero, me llama aparte.
¡Amor, no te apures!
Si es una cantidad, nada despreciable. Pero lo que las paredes agarran, las paredes desechan.
Diles a los muchachos, que te ayuden, a buscar esos billetes. Y no te molestes con tu tia. Mas bien, toma conciencia, que debes tener mas atención con ella.
Es mejor, que este descuido, haya recaído en el dinero.
Que al fin y al cabo, el dinero va y viene, Y al final, cuando nos vamos, nada nos llevamos.
Pero que tal si tu tía ¿hubiera hecho algo que pusiera en peligro su vida?
Como dejar las llaves del gas abiertas, tomar medicamentos del botiquín, o beber alguna sustancia toxica, de las que ocupas en la limpieza.
Recuerda, que ella, tu tía, ha sido la abuelita, que Dios les mandó a nuestros hijos.
Pasan los días, y del dinero, nada.
Ya la casa ha sido volteada de cabeza, una y otra vez.
Comento con una amiga, mi desconcierto.
Ella se ofrece a ayudarme.
Viene una mañana, porque dice, como saber que paso, con ese dinero.
Nos encaminamos a la cocina, donde ella asegura, que es el sitio de la casa, donde hay más energía positiva.
Porque es ahí, donde siempre están, presentes, los cuatro elementos básicos; el agua, el fuego, la tierra y el aire.
Nos sentamos frente a la mesa de la cocina.
Pone en la mesa, un vaso de vidrio transparente, con 3\4 de agua.
Me pide que me arranque de la cabeza, un cabello.
Después de todo, yo soy la interesada.
Mi amiga, se quita una argollita de oro, que siempre trae en el dedo anular, de su mano izquierda
Pasa el cabello, por el centro de la argollita, y la sostiene con el cabello, como péndulo, con los dedos pulgar e índice.
Me muestra, como colocando el brazo, apoyado el codo en la mesa, sin tocar el vaso, se debe introducir, aquel péndulo, en el centro del vaso de agua.
La argollita no debe tocar el líquido, solo debe, quedar a unos milímetros de distancia del agua.
Se debe de esperar un poco, a que este completamente inmóvil el péndulo. Nada, de que me tiembla la mano.
Posteriormente, se debe uno de dirigir hacia el anillito, amablemente, como en confianza.
Anillito, anillito, quiero que me contestes esta pregunta…
Si la respuesta es negativa, seguirá inmóvil el anillo.
Si es positiva, empezara a moverse, suavemente, de un lado a otro, de manera horizontal.
Se sigue insistiendo, con la misma pregunta.
Y el anillo se moverá, de manera tan violenta, que tomara un movimiento, entre circular y francamente errático. Que en momentos, chocara, contra las paredes del vaso. Y parecerá, por el sonido, que va a romperlo.
Esa es su manera, de respondernos, de manera categóricamente afirmativa.
Después de explicarme mi amiga, lo que puedo esperar del anillo, empieza con las preguntas que me interesan
Anillito, anillito, ¿está el dinero en la casa?
Nula respuesta.
Anillito, anillito, ¿alguien se lo robó?
Ni un movimiento del anillito.
¿Anillito, anillito, alguien lo tiene?
Y el anillo, no se mueve.
Me decepciona la inmovilidad del anillo.
Mi amiga le da las gracias al anillo, y suavemente, lo saca del vaso.
Me explica, que solo cuatro o cinco preguntas se le deben hacer al anillo, porque se cansa.
Y así, no podrá responder, de manera veraz.
Pensamos que no contestó porque, quizá, era yo quien tenía que interrogarlo, o que no hicimos las preguntas de manera adecuada.
Nos quedamos un rato, en silencio, mi amiga y yo. Esperando a que el anillo descansara.
En eso, llega mi hija del CBETIS.
Nos saluda de forma efusiva, y al vernos pensativas, desea saber la razón.
Mamá, ¿y ese vaso?, ¿Y porque tiene ese anillo un cabello?
Le contamos nuestro fracaso, en materia de adivinas.
Se ríe, y nos dice:
¿Pero como quieren saber la verdad utilizando métodos tan arcaicos?
Mira hija, por mí, que sean del año de la cachetada, que mas me dá; con que yo descubra que pasó.
No es posible que las cosas desaparezcan así como así. Sin dejar rastro.
Y mi hija me propone:
¿Y si lo hacemos de un modo mas moderno? utilizando la computadora, por ejemplo.
A ver hija, explícame eso.
Mira mamá:
Ponemos la computadora en tu cuarto. Enfocamos el lente de su cámara, a la cómoda, donde tenías el dinero guardado, de modo que no se vea solo ese punto, sino parte de lo que esta alrededor.
Nuestra computadora mandará la señal a otra computadora, por medio del Messenger.
Puedo ir a un cibercafe, donde estaré observando todo lo que pase en tu cuarto.
Tú no debes estar cerca, para que mi abuelita se sienta libre de actuar.
Pones un fajo de billetes que le recuerden a mi abuelita los que están perdidos, y haber que pasa.
Ya sea que nos diga en donde están, o que trate de guardar este nuevo fajo de billetes en el mismo sitio donde están los demás.
Espera para este sábado, que no tengo clases.
Cuándo yo vea que mi abuelita toma el fajo de billetes te hablo por mi celular, y te voy diciendo todo lo que hace.
¿Qué te parece mi plan?
-¡Imposible! -contesto- Yo no tengo tanto dinero para hacer esa recreación; ni que lloviera dinero, o se diera en macetas.
-¡ Ay mamá ! Solo ponle unos cuantos billetes de baja denominación y los demás, los simulas con recortes de periódicos.
Al fin, que con la liga que se les pone para sujetarlos, mi abuelita no se dará cuenta.
¿Qué dices?
Anímela doña Tere, para que salga de dudas mi mamá.
-Bueno hijita, aunque no estoy muy convencida.
Después de todo, nada pierdo con intentarlo.
Llega el sábado.
Coloco el bultito de papeles camuflageados con unos billetitos encima.
Yo me salgo a barrer las hojas del corredor y regar las plantas.
En pocas palabras, a darle espacio, darle chance, a que mi tía, vuelva a hacer la acción del otro día.
Suena el celular. Es mi hija.
Dime hija.
¡Mamá, ya agarró el paquetito!
¿Y?
Esta caminando hacia la sala.
¿Y?
Espera, no veo muy bien. Se está alejando...

sábado, 12 de septiembre de 2009

Yuxtaposición ( 1 )

YUXTAPOSICION

Esta tarde, mi esposo consiguió, vender el carro anterior, al que ahora utilizamos.
Necesitaba venderlo, porque en la cochera, no hay espacio, para dos carros.
Lo tuvimos un tiempo, al frente de nuestra casa, pero un carro, en la intemperie, se deteriora y estorba.
En otras palabras, “no es de orden”.
Mi esposo, me da a guardar el dinero.
Planeamos, mañana, ir y depositarlo al banco.
Guardo el fajo de billetes, en un cajón de mi tocador.
Doy de cenar.
Somos seis miembros en esta familia.
Mi esposo, mi tía, que es hermana de mi madre, que hace mucho tiempo falleció, y en gloria este.
Mis tres hijos, el mayor, que esta en facultad, mi hija, en el CBTIS, y el menor, que estudia la secundaria.
Y yo, que soy sobrina, esposa y madre.
No somos muchos, no somos pocos. Estamos bien. Estamos los que debemos estar.
Un nuevo día.
Tempranito, salen corriendo de la casa, mi esposo y mis hijos; al trabajo, a la escuela.
Solo nos quedamos en casa, mi tía y yo.
Me pongo a recoger la casa, que si entre todos la tiramos, rara es la vez, en que me ayudan a limpiarla.
Llegan a comer.
Mi esposo me pide, que me arregle de prisa, para alcanzar a ir al banco, a depositar el dinero, producto de la venta del carro.
Busco el dinero en el cajón, y !ha desaparecido!
No puede ser.
Si lo guarde ahí ,donde más.
Aquí, en nuestro hogar, nunca se nos ha perdido nada.
Ser honrados, es una de las primeras normas, que se enseñan en una familia.
Nadie entra tan fácilmente. Tenemos el zaguán con llave. Desde que mi tía, empezó con síntomas de Alzheimer, cuidamos que no se nos vaya a salir a la calle, y después, le vaya a pasar un accidente.
Como aquella vez, que unas vecinas, me hicieron el favor de traerla de vuelta a casa, porque no recordaba donde vivía, y eso, que solo estaba a unas cuantas cuadras.
Al llevarla, con el geriatra, nos recomendó, vigilar, que tome sus medicamentos, no solo dárselos en dosis y horarios prescritos, sino mirar que se los tome.
Porque, podemos dárselos en su mano. Y mi tía, puede dejarlos sobre una mesa, guardarlos en un bolsillo de su ropa, o dejarlos caer. Pero ella, jurara que ya se los tomo.
Su memoria, le juega esas malas pasadas.
Tenemos que estar checando, su aseo personal. Ayudarla a bañarse.
En su alimentación, sino estamos atentas, podrá pasar horas y horas sin comer.
Y si le pregunto, tía, ¿ya tiene hambre?, me contesta, con un, “me siento tan llena”.
O querrá comer y comer, sin control.
Y cada que llegue alguien, a la casa, comentara, ¡que hambre tengo! ¡ No he comido en todo el día!
!Me están matando de hambre!
Y después se enferma del estomago, por lo sobrecargado.
De primero, me daban mucha vergüenza, esas exclamaciones de mi tía.
Pero,!tome al toro por los cuernos! y les explique, a parientes y amistades, en que consiste el padecimiento de mi tía.
Y les pedí, que por favor, en la medida de sus posibilidades, me ayuden.
Los parientes, al permitirme, de vez en cuando, poder salir, con mi esposo, a despejar la mente.
Con la confianza, de que algún adulto, de la familia, este acompañando a mi tía.
Mis amistades me ayudan, cuando nos visitan, Y le hacen plática, a mi tía.
Eso le ayuda a recordar, y le da ánimos, para salir de su esfera interior, a convivir, y disfrutar, de lo mucho, que aun, la vida le puede ofrecer.
Que debe seguir luchando, por continuar, en contacto, con la realidad, que la rodea.
Tomando en consideración, todas estas circunstancias, para mí, que mi tía, cambio el dinero de lugar.
Pero para que nos diga donde, va a ser tarea ardua.
Porque ella, no ha de recordar, donde lo dejó.
Empiezo con tacto, a preguntarle...

Portada del libro "Más allá"

Portada del libro "Más allá"
Camino de Amor Infinito

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