Gracias por sus latidos de afecto y cariño que alimentan al Alma.

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miércoles, 7 de octubre de 2009

Protección



PROTECCION

Tiene 82 años, y después de tres caídas, confinada a una silla de ruedas quedó.
No se da tan fácilmente, sola de su cama, se pasa a la silla.
Ya aprendió a cambiarse de pañal, y siempre muy limpia, la encuentro.
Cuando, por unos minutos, en esos ratos perdidos, por otras personas, yo los aprovecho, y disfruto de su compañía.
Me es tan agradable llegar, abrir su reja, cruzar el jardincito, llamar para que sepa que soy yo; jalar la puerta mosquitera y empujar la puerta de fierro.
Nada en su casa tiene llave, el paso del tiempo, ha hecho que sus cosas, para la mayoría de las personas, ya no tengan valor.
Así, que no hay peligro, de que un malandrín, intente robar algo.
En ocasiones, la encuentro todavía en su cama, otras, en su cocinita o en su salita, tomando sus medicinas.
Se que se alegra con mis visitas.
Llegando la abrazo, y en su mejilla, surcada de arrugas, deposito un beso.
Respeto tanto sus canas, que son un reflejo, del tiempo sobrevivido, que solo así, puedo demostrar, mi afecto y admiración.
Le pregunto como ha estado, que ha hecho, porque aunque una persona este obligada, por la salud y la edad, a vivir mas lentamente las horas, aun es mucho, lo que puede realizar.
Y es un gran logro, pasar de un día a otro, en que las capacidades van disminuyendo, y el anciano, toma conciencia de eso.
Y tiene que resignarse, porque es la ley de la vida, el retroceder cada día mas.
Le gusta que le cuente lo que he hecho, aun lo mas trivial.
Porque, en su mundo, sujeta a los limites, de sus energías, para mover la silla de ruedas, y las escasas visitas; ese escuchar lo que una persona mas joven realiza, le hace recordar, tantas y tantas cosas llevadas a cabo por ella.
Y como recordar es vivir, entonces empieza ella, a relatarme, como fue su infancia, lo que de joven realizó, y su desempeño, como madre y abuela, en la actualidad.
Una vez me comentó, que cuando recuerda todo eso, y me lo relata, aunque tuviera, ya algunos días, que andaba con un sentimiento, de melancolía, de desaliento; al ir platicando, se va llenando su corazón, de tanta dulzura, que la tristeza, sale huyendo por la ventana, donde muere, al tocar los pétalos de sus rosales.
Al escuchar sus narraciones, me traslado a 80 años atrás, y recorro con ella, sus vivencias, y siento, que algo en mi, queda de ella.
Ya no es la viejecita en silla de ruedas, en mi imaginación, ahora es la niña curiosa, la estudiante ilusionada, la joven enamorada, la mujer en espera del nacimiento de su hijo, y luego, la forjadora de su hogar.
Comparto sus temores, de cómo en sus sueños, cree ver avisos, que no logra descifrar.
De que despierta, cree mirar sombras, que la desconciertan, y alarman.
Su mente, teme a “La Cosa Mala”.
Yo trato de tranquilizarla, le aseguro, que Dios, que tiene a su servicio, todo lo que existe, mando un par de ángeles, que la acompañen.
Porque a una persona tan buena, que tanto se encomienda al Altísimo, no puede ser tocada por la maldad de este mundo, ni del otro.

Portada del libro "Más allá"

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Camino de Amor Infinito

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