Gracias por sus latidos de afecto y cariño que alimentan al Alma.

viernes, 16 de abril de 2010

Vidas entrelazadas ( 8 ) Mamá me quería llevar



Yo tenía en ese entonces, 5 años, y una vez que quemaban ramas en el patio, vi como mi mamá, me llamaba, parada al centro de las llamas.
Me quise meter a esa hoguera, pero mis tíos me lo impidieron.
Cuando por las mañanas, empezaba el trajín, en un cuarto, empezaba a desenredar con dificultad mi cabello, mi mamá se me aparecía, y con mucho amor, tomaba ella el cepillo y me peinaba, dejándome inmensamente feliz, por haber estado con su compañía.
Me hizo prometerle, que ha nadie le contaría que ella seguía en la casa.
Pero mis hermanas mayores, maliciaban que algo estaba pasando.
Porque deseaba tanto estar a solas en ese cuarto, y como le hacia para quedar mejor peinada, que ellas.
Se pusieron a espiarme, y pusieron en aviso a mis tíos, que yo hablaba sola, y que me imaginaba a mi mamá.
Dieron en cerrar con llave ese cuarto.
Aunque lloré a grito abierto, de nada me valió.
Mis tíos dijeron, que como mi mamá ya se había llevado a una de sus hijas, ahora también quería llevarme a mí.
Mejor vendieron el solar, con su casa de madera, y compraron otro, por la calle Francia.
La nueva casa, también era de madera, y tenía el techo de lámina, con piso de “machimbre”, pintado de amarillo.
Cuando íbamos a un mandado, a unas cuadras de distancia de la casa, mi tía escupía el piso, pisaba esa humedad, y nos advertía, tienen que volver con lo comprado, antes de que se seque la saliva. Recuerdo que estaban “El Otoño”, donde hoy es el “Fénix”, el de la plaza Vicente.
El negocio “El Levante”, por la 13 de Enero, que era tienda, molino y tortillería.
Y la botica “El Obrero”, por la primero de mayo, después esa esquina fue panificadora, y actualmente, una casa de empeño.

lunes, 12 de abril de 2010

ni ha reintegro llegamos

el número ganador fue el 4673 y el signo acuario,

asi que ni ha reintegro llegamos.

gracias por su atención.

viernes, 12 de marzo de 2010

Vidas entrelazadas ( 7) ( la niñez de una maderense a principios del siglo pasado)



Nací en el año de 1925, en Doña Cecilia, hoy Ciudad Madero.
Mi familia estaba compuesta, por mis padres, y nosotros, seis hijos.
Vivíamos en la colonia Vicente, cuando las calles eran de pura arena blanca, y había mucha hierba en los solares, de la llamada saladilla.
Ya había agua potable, pero para tomar agua, preferíamos comprar la que traían en latas, los carretoneros, que era agua de vapor, de Refinería o de Talleres.
La leche, se vendía en cantaros grandes, que eran transportados en caballos.
En nuestra casa, al frente, colgaba un letrero, que decía, “Música de Jazz” y mi papá, era el que hacia los contratos, por ser el dueño del conjunto.
Practicaban en un gran cuarto, las melodías, y se impregnaba el ambiente, con los sonidos de la tambora, banjo, violín, cornetín, contrabajo…
Pero éramos una familia numerosa, como para poder sobrevivir con solo las entradas del talento artístico de mi papá.
Así, que mi mamá, empezó a trabajar.
Papá pasaba muchas horas del día, sin la compañía de mi mamá.


Y no faltó, quien se acomidiera a hacerle más placenteros sus ratos libres.
Al saberlo mi madre, solo basto que le dijera a mi papá, “me han contado, lo que haces mientras estoy trabajando” para que recibiera tal tranquiza, que estuvo en cama, con accesos frecuentes de tos, que la ahogaban, y vómitos de sangre.
Solo abandono el lecho, para ser velada, en casa de mi abuelita Evarista.
Mis tías Raymunda y Magdalena, primas-hermanas de mi abuelita, que vivían en Tampico, vinieron al velorio, y a mi papá, lo maltrataron bien y bonito, que hasta de guantadas le dieron.
Pero eso no quito, el que habíamos quedado huérfanos de madre, seis criaturas, la mayor de 11 años.
La más pequeña, solo tenia 10 meses de nacida, se llamaba Mariquita, de ojos azules, pelo rizado, del color de los pelos de elote.
Nos quedamos a vivir con unos tíos, los cuales eran muy estrictos y secos. Eran así, porque mi abuelita, los crió parcos de cariño.
Si nosotros sus nietos, queríamos ser cariñosos con ella, nos apartaba con brusquedad, y replicaba:
¡Aplácate, aplácate!, ¿No ves que esos son besos del diablo? Si está escrito, como Judas, traiciono a Nuestro Señor con un beso.

Así, que ya se imaginaran como eran mis tíos.
Mi hermanita Mariquita, solo duró un poco más del mes, después de que murió mi mamá.
Aún no tenía el año de edad.
Decían mis tíos, que mi mamá se la había llevado.

Portada del libro "Más allá"

Portada del libro "Más allá"
Camino de Amor Infinito

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